Dos cucharas a sus pies,
Y a la gente amontonada
mirando y preguntando.
Nadie decía nada. Tan sólo pensaban.
Dos cucharas a sus pies,
Y enormes que eran las condenadas.
Allí se hallaba la muerta,
En su cajon de madera.
Y dos cucharas a sus pies que todos miraban,
Y que tan sólo unos pocos entendían
Su mensaje.
¿Por qué aquellas cucharas?
Yo os diré para que.
Cuando llegó
ante nuestro Dios
Con aquellas cucharas,
Glorita, la mas golosa del mundo,
Compartió el postre sagrado
A dos manos la muy osada.
Jesucristo la miraba
y los ángeles sonreían.
Para eso las dos cucharas,
Porque Glorita, mi amada,
Otra cosa no tenia.
Pero sí,era golosa,
la condenada.
el último samurai
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