Dos lagrimas recorrieron sus mejillas,
Y abriendo los ojos, dijo adios.
La paz entró por la ventana
Y recorrió cada rincon de esa habitación.
Nadie lloró su muerte.
Nadie gritó.
Nadie corrió.
Nadie habló,
Porque supimos que no te marchabas;
Sólo te trasportabas a un lugar mejor,
Donde no existe el mal,
Donde no hay dolor,
A un lugar lejano
Que no está en los mapas de ninguna universidad.
Aquella noche fría y oscura
Te dejamos marchar.
Con tanta paz que ni pudimos llorar,
Dos lagrimas recorrieron tus mejillas,
Porque nos dejabas atrás,
No porque tuviéramos miedo,
Sino porque te marchas al más allá.
Tu madre cerró tus ojos.
Yo sequé tus lagrimas.
Y te dejamos marchar,
aquella triste noche de invierno.
Glorita, descansa en paz.
Antonio Rodríguez Marhuenda, marzo, 2010
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